Os dejo un pequeño articulo escrito por mi amigo Antonio que por motivos de trabajo se ha trasladado por una temporada  a Italia (Mi querida tierra).
Me lo he pensado mucho antes de publicarlo, pero tengo que admitir que es todo cierto.
Buena lectura
Hace siete meses que me marché a vivir a Italia, a la tranquila ciudad de Latina, unos sesenta kilómetros al sur de Roma.
HabÃa seguido con emoción el Giro de Italia 2011, donde Contador se habÃa impuesto de una manera brillante, y habÃa disfrutado viendo por televisión esas carreteras que para mà conforman la mejor carrera del mundo por etapas. Asà que no podÃan faltar entre mis enseres mis dos bicicletas: mi bicicleta de montaña BH Topline, bastante antigua,  y sobre todo, mi bicicleta de carretera Orbea Asphalt, que alterna componentes de carbono, como el manillar, con otros de aluminio, pero con la que me encuentro muy cómodo rodando.
Mi gozo en un pozo. Una vez que me instalé allÃ, y tenÃa ambas bicicletas a punto para comenzar a rodar cualquier sábado, iba comprobando, dÃa a dÃa, que para salir en bicicleta en Italia, hay que reunir una serie de cualidades que aun no tengo: hay que ser confiado, pues los coches ajustarán siempre al  máximo para adelantarte con la mÃnima distancia lateral posible; aventurero, pues los semáforos, a diferencia de en España, no son un imperativo, sino una mera recomendación de prioridad; paciente, pues es difÃcil encontrar una carretera poco transitada para poder rodar con tranquilidad; y valeroso, pues los adelantamientos en sentido contrario simulan los de un gran premio de GP2.
Asà pues, las bicicletas continúan exactamente donde las dejé allá a finales del mes de junio, en la habitación de invitados, y el único uso que les he dado desde entonces es apoyar las camisas que están pendientes de plancha… Me pregunto si para la importante función de perchero será mejor tener un manillar de carbono, de aluminio, o de hierro forjado.
En cualquier caso, ahora que se terminan las vacaciones y vuelvo para allá, regreso con ilusiones renovadas y fuerzas para volverlo a intentar. Quien sabe, a lo mejor esta vez, al menos comienzo con el rodillo, donde todas las virtudes que me faltan son un mero adorno; en el garaje, ni hay semáforos orientativos, ni futuros campeones de grandes premios al volante de Smart y Fiat 500; ni matemáticos que calculan la distancia a tu cuerpo al milÃmetro…
A PRESTO, RAGAZZI!